
A veces me gustaría despertar y creer que todos los malos momentos que vivimos son parte de un sueño muy desagradable, y que no volverá a repetirse. Lo triste de este deseo es que es mucho más real de lo que yo pueda imaginar…
Justamente dos meses sin actualizar este espacio y muy lamentable que sea para quejarme de lo indecente que somos, de la poca educación que tenemos y de lo mal que andamos en materia de valores morales. Para mi es como un grito desesperado que por más fuerte que lo hagas menos se escucha, pero que aunque quizás nadie lo escuche es un respiro para mi, para mi alma y mis principios.
Ayer, luego de un tiempo sin juntarnos, las tres chicas “súper poderosas” Helen, Lili y yo, nos pusimos de acuerdo en compartir la tarde del miércoles 21, día de la Virgen de la Altagracia, por demás día festivo, que a pesar de que me tocó trabajar y felizmente a ellas no, quisimos ponernos al tanto y de paso pasarla bien y reírnos hasta más no poder como siempre lo hacemos sobre todo con las “locuras” de Helen.
Pues bien, nos juntamos en Café Frankfurt conversamos muchísimo, tomamos una que otras bebidas. Al rato Lili y yo adictas a las papas fritas nos antojamos de comer unos sándwich, que sucede que la joven que nos atiende nos dice que se le han agotado las papas por lo que el sándwich vendría sin acompañante. No muy convencidas de pedir el sándwich porque honestamente lo que más nos interesaba eran las papas decidimos entonces pedir la cuenta y dirigirnos a McDonald’s. El más cerca nos quedaba en los Próceres al lado de Diamond Mall, así que cogimos para allá.
Hasta el momento todo bien, sin embargo cuando Helen va a parquear su carro, espera que un vehículo salga (ya que todos los parqueos estaban ocupado) pone su direccional y de repente tenemos al frente una jeepeta que acaba de llegar y muy consciente de que estábamos en espera del parqueo, al salir el otro vehículo, acelera y nos roba el parqueo. Las tres nos quedamos en una especie de shock por la imprudencia, el abuso, la falta de respeto y educación. Pero Helen que no es cosa fácil se queda casi parada detrás de él porque tenía quizás la necesidad de ver la cara de aquel descarado y abusivo.
Muy valiente para robarse el parqueo y muy cobarde para salir del vehículo fue aquel individuo que luego de tener unos minutos encerrado en el vehiculo al salir de éste y por unas palabras que dijo Helen muy fueras de lugar por cierto, quizás por lo molesta que estaba, aún así Lili y yo se la repudiamos, enfadó tanto al hombre “empresario” que amenazó con demandarla, meterla presa e incluso se le veía una cierta actitud de querer golpearla. Dos hombres de seguridad de McDonald’s trataron de poner fin a la violenta situación que ya –y no lo ocultaré- me empezaba a preocupar. Mientras Helen parqueaba su vehículo pudimos ver al hombre indecente dirigirse a la plaza Diamond Mall como si nada (parqueo que no le corresponde a esta plaza porque es para clientes de McDonald’s) y ninguno de los dos vigilantes hacer absolutamente nada.
No cabe dudas, que el espacio privado, el público, ni siquiera al ser humano se respeta en este país. Es una pena que vivamos tal vez en una selva donde tus derechos no valen y donde tu dignidad te la estrujen y te la vuelvan a estrujar en tú propia cara y tú no hacer nada, porque no sabes con qué tipo de salvaje, loco, psicópata te puedas topar. Es una pena, pero así es nuestro hoy y nuestro país.
Justamente dos meses sin actualizar este espacio y muy lamentable que sea para quejarme de lo indecente que somos, de la poca educación que tenemos y de lo mal que andamos en materia de valores morales. Para mi es como un grito desesperado que por más fuerte que lo hagas menos se escucha, pero que aunque quizás nadie lo escuche es un respiro para mi, para mi alma y mis principios.
Ayer, luego de un tiempo sin juntarnos, las tres chicas “súper poderosas” Helen, Lili y yo, nos pusimos de acuerdo en compartir la tarde del miércoles 21, día de la Virgen de la Altagracia, por demás día festivo, que a pesar de que me tocó trabajar y felizmente a ellas no, quisimos ponernos al tanto y de paso pasarla bien y reírnos hasta más no poder como siempre lo hacemos sobre todo con las “locuras” de Helen.
Pues bien, nos juntamos en Café Frankfurt conversamos muchísimo, tomamos una que otras bebidas. Al rato Lili y yo adictas a las papas fritas nos antojamos de comer unos sándwich, que sucede que la joven que nos atiende nos dice que se le han agotado las papas por lo que el sándwich vendría sin acompañante. No muy convencidas de pedir el sándwich porque honestamente lo que más nos interesaba eran las papas decidimos entonces pedir la cuenta y dirigirnos a McDonald’s. El más cerca nos quedaba en los Próceres al lado de Diamond Mall, así que cogimos para allá.
Hasta el momento todo bien, sin embargo cuando Helen va a parquear su carro, espera que un vehículo salga (ya que todos los parqueos estaban ocupado) pone su direccional y de repente tenemos al frente una jeepeta que acaba de llegar y muy consciente de que estábamos en espera del parqueo, al salir el otro vehículo, acelera y nos roba el parqueo. Las tres nos quedamos en una especie de shock por la imprudencia, el abuso, la falta de respeto y educación. Pero Helen que no es cosa fácil se queda casi parada detrás de él porque tenía quizás la necesidad de ver la cara de aquel descarado y abusivo.
Muy valiente para robarse el parqueo y muy cobarde para salir del vehículo fue aquel individuo que luego de tener unos minutos encerrado en el vehiculo al salir de éste y por unas palabras que dijo Helen muy fueras de lugar por cierto, quizás por lo molesta que estaba, aún así Lili y yo se la repudiamos, enfadó tanto al hombre “empresario” que amenazó con demandarla, meterla presa e incluso se le veía una cierta actitud de querer golpearla. Dos hombres de seguridad de McDonald’s trataron de poner fin a la violenta situación que ya –y no lo ocultaré- me empezaba a preocupar. Mientras Helen parqueaba su vehículo pudimos ver al hombre indecente dirigirse a la plaza Diamond Mall como si nada (parqueo que no le corresponde a esta plaza porque es para clientes de McDonald’s) y ninguno de los dos vigilantes hacer absolutamente nada.
No cabe dudas, que el espacio privado, el público, ni siquiera al ser humano se respeta en este país. Es una pena que vivamos tal vez en una selva donde tus derechos no valen y donde tu dignidad te la estrujen y te la vuelvan a estrujar en tú propia cara y tú no hacer nada, porque no sabes con qué tipo de salvaje, loco, psicópata te puedas topar. Es una pena, pero así es nuestro hoy y nuestro país.
Imagen:Google.com
