sábado, noviembre 22, 2008

Mujeres desconfiadas


Pensaba que eso de perseguir hombres para ver en que “malos” pasos andaban, era cosa del pasado. Hace unos días descubrí que no.

Recuerdo que eran las 6:30 de la tarde (pero ya la noche se había robado un poco de esta) y estaba esperando un vehículo de regreso a mi casa, cuando una señora- que pensaba que al igual que yo esperaba transporte- me hace seña con una de sus manos para que fuera hacia ella. Un tanto extrañada voy y me acerco y lo primero que dice es: “mira los hombres son una cosa que lleva a cualquier mujer al infierno”. Por unos segundos quedé muda y con una sonrisita para no dejar entrever mi susto le pregunto ¿Y por que usted dice eso?

Y me contesta: “oh porque mi esposo trabaja en aquella torre y casi todos los días llega a mi casa después de las 9 de la noche y él trabaja hasta las 6 de la tarde. Y ayer al parecer estuvo con una mujer porque hoy encontré su franela con labial, y por eso estoy aquí para ver si es verdad que me está engañando con otra. Si es así no dudaría en dejarlo yo todavía me siento joven con 39 años, son cuatro años de casada con él y una vez me hizo una y lo perdoné, lo encontré con una muchacha no quieras saber como, y casi la tiro a ella por el balcón como Dios la trajo al mundo”...

A todo esto, yo pensaba como “safarme” de este rollo. Así que le comenté: supongamos que él la engaña con otra mujer, probablemente si estuvo con ella ayer no significa que salga con ella hoy. Usted debe estar consciente que esto le podría tomar varios días...
Me interrumpe y me dice: tu tienes mucha razón, pero quiero llevar esto hasta el final y hasta que el no salga de ahí y yo vea para donde el coja no me moveré de aquí, es mucho lo que le he soportado, por suerte no hemos tenido hijos, pero te aseguro que el no se salva de esta.

De repente me dice: Ya salió, es ese que viene caminando hacia acá con dos hombres más, mira es ese que tiene el t-shirt verde, pero no te muevas quédate ahí y continúa hablando conmigo normal.

Yo no sabía que hacer, miraba la avenida pero todos los carros pasaban lleno. Hasta que me dice: ya él está muy cerca me voy a esconder detrás de aquellos vehículos, gracias por escucharme. Lo único que le pude decir fue: “Mucha suerte y cuídese”.

De pronto pasó un carro con cupo para dos pasajeros, me monté. Como sabía que el esposo de la señora y sus compañeros de trabajo venían de ese lado de la vía, no dudé en verlo de cerca y desde el vehículo en marcha pude percatarme en el rostro del hombre, que era unos 15 años menor que ella.
De alguna forma pude entender su inseguridad...


Imagen: google.com